maneja
Observandole, me siento como si pudiese acariciar sus sesos. Me siento capaz de amasar su cerebro, observar lo que necesito, oler sus pensamientos, manosearlos y moldearlos a mi gusto para luego recomponer la masa encefálica con perdidas no apreciables por el sujeto.
Si el alfarero de la mente llama a su puerta, no le abra.
Si el alfarero de la mente llama a su puerta, no le abra.




